7
A Sarrión le recibió en el Aeropuerto de La Aurora su hermana.
Vos hermano "gutenmorgen".
Tanto gusto hermana, un beso. ¿Vos cómo te atrevés a venir sin mi sobrino?
Estaba como loco por verte pero le castigué, es que no cesa, nos tiene agotados.
Ah, vos siempre tan recta, pobre chico, si lo que necesita es actividad.
Pues todo tuyo, tráelo agótalo, hazme el favor
Ok, déjame dormir esta noche y mañana me lo llevo, me despejará antes del trabajo.
Fueron al parque de atracciones que el
IRTRA tenía en Amatitlán. Al ver el lago le punzó el recuerdo de la pobre niña. Alternaron el tiempo con chapoteos en la piscina, bocados a
pupusas, y diversas atracciones que no parecían mellar las energías del niño. Al final del día la luz se rindió y del lago vino una vaharada cálida.
De regreso, para entretenerle en el auto le entrego un tren de madera comprado en Alemania. Le prestó poca atención, prefirió hartarse una madeja enorme de algodón de azúcar.
Hermana acá lo tienes, sano y salvo. Ya puedo ir a desmoronarme a casa.
No tan sano, parece que viene herido de guerra, con toda la camisa llena de manchas.
Ah, es verdad, qué descuido, es por el algodón de azúcar, que le ponen mucho colorante.
Al asearse poco antes de dormirse vino la intuición y su malestar se transformó de inmediato en nervios. Supo entonces que ya no dormiría y debía llamar a Larios Garrido.
8
Mi patoja, ¿te acordás de mi?
Sí
¿Querés venir conmigo? Tengo regalos.
Mamá dice que no marche con desconocidos.
Hace muy bien mamá pero me conoces, soy tu papá. Probá, es algodón dulce.
9
El padre de la niña fue detenido en una feria de Suchitepequez. No opuso resistencia y lo confesó al verse rodeado. En los interrogatorios gimoteaba por su hija, tenía las manos enllagadas y protegidas por unos guantes quirúrgicos. Por remordimientos se las laceraba. Sarrión imaginaba lo que disfrutarían en Europa los psicólogos forenses con un sujeto como éste. Parece ser que tuvo antecedentes por pederastia pero le lavaron su ficha policial a cambio de una suma. Había visto crecer a su hija en silencio y un día que acabó de trabajar muy tarde tomó chucherías en la feria para abordarla en el camino a la escuela. Decía que iba sin maldad.
Le mandaron a la prisión de Pavón, célebre por tener en su momento un laboratorio de droga, una red de extorsión con escuchas telefónicas y un chalet con jacuzzi para el jefe de los narcos. Sarrión quiso evitar que se suicidara y consiguió un preso de apoyo en su celda. Al día siguiente precisamente el preso de apoyo le asesinó. Le fastidiaba, sabía que sin juicio sería la muerte de un presunto, más le dolía asentirle a Larios Garrido. "¿Crees de verdad que durará tres años en un reclusorio con lo que hizo?"
Tomó un café intenso de Fraijanes el mismo lugar donde estaba la cárcel que tenía el irónico nombre de Granja Modelo de Rehabilitación Pavón; con tanta chusma por allá y tan buen café, la tierra lava culpas, pensaba Sarrión.
Rendido, antes de sentenciar que pensaba tonterías de puro agotamiento, contempló con asombro como aún perduraba la mancha de colorante rosa en su mano derecha, la misma de la camisa de su sobrino, y del aparato gástrico de la niña; el empecinado tinte que resistía un lavado con jabón y las aguas profundas de un lago que no quiso guardar para sí los secretos de un ángel vencido.
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FINAL. Fotos propias.